Requena, Ciudad Española del Vino 2026, y la viticultura regenerativa marcan el nuevo paradigma de la cultura del vino en España
El enoturismo suma nuevas rutas certificadas, Requena lidera el turismo vinícola de interior y la viticultura regenerativa emerge como respuesta al cambio climático
Requena: una ciudad que lleva siglos bebiendo su propia historia
Declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1966, la ciudad valenciana de Requena lleva siglos construyendo su identidad alrededor de la vid. Sus bodegas excavadas en la roca —algunas con más de quinientos años de antigüedad—, sus calles empedradas que huelen a mosto en época de vendimia y su comarca productora de uvas Bobal y Tempranillo de altísima calidad forman un conjunto cultural único en España. En 2026, la Asociación Española de Ciudades del Vino (ACEVIN) ha reconocido todo ese legado designando a Requena como Ciudad Española del Vino, el título anual que más brillo proyecta sobre un municipio vitivinícola en todo el país.
El reconocimiento no es solo simbólico. Lleva aparejado un programa de actividades, inversión en infraestructuras turísticas y una visibilidad nacional e internacional que puede transformar el flujo de visitantes de una región durante años. El enoturismo representa ya una de las fuentes de ingresos más importantes para las zonas vinícolas del interior español, con un perfil de visitante de poder adquisitivo medio-alto, interesado en experiencias auténticas lejos de los circuitos masivos del litoral.
El mapa del enoturismo español en 2026: más rutas, más calidad, más destinos
La designación de Requena se enmarca en un momento de gran dinamismo para el enoturismo nacional. Las Rutas del Vino de España, el programa de certificación impulsado por ACEVIN con el respaldo del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, han renovado varias de sus rutas certificadas e incorporado nuevos destinos que amplían el mapa vinícola para el visitante. La metodología de certificación evalúa no solo la calidad de los vinos de la zona, sino la experiencia completa del visitante: accesibilidad de las bodegas, oferta de alojamiento enoturístico, gastronomía local, señalización, formación del personal y sostenibilidad del modelo.
Más allá de las rutas tradicionales (Rioja, Penedès, Ribera del Duero, Rías Baixas), el mapa enoturístico de 2026 incorpora destinos emergentes que están sorprendiendo a los visitantes más exigentes. La Ribeira Sacra gallega, con sus viñedos en terrazas sobre el cañón del río Sil, es uno de los paisajes vitícolas más espectaculares de Europa y está atrayendo a turistas internacionales procedentes de Francia, Alemania y los países anglosajones que buscan una alternativa menos comercializada a las grandes denominaciones. La Serra de Tramuntana mallorquina, donde productores comprometidos con la viticultura ecológica elaboran vinos de autor en parcelas diminutas, es otro destino en pleno despegue. Y las islas Canarias, con sus viñedos volcánicos cultivados en sistemas de entutorado únicos en el mundo, siguen generando el asombro y la fidelidad de quienes los descubren.
Viticultura regenerativa: el viñedo como ecosistema vivo
Más allá del enoturismo, la gran transformación cultural del vino español en 2026 está ocurriendo en el campo, en la manera en que los viticultores entienden y trabajan su relación con la tierra. La viticultura regenerativa ha pasado de ser una corriente marginal practicada por productores alternativos a convertirse en un tema central del debate técnico y comercial del sector. El primer informe global sobre viticultura regenerativa ha documentado su impacto en el secuestro de carbono en los viñedos, confirmando que las prácticas regenerativas pueden convertir el viñedo de fuente de emisiones a sumidero neto de CO₂ cuando se aplican de forma sistémica y coherente.
¿Qué es concretamente la viticultura regenerativa y en qué se diferencia de la ecológica o la biodinámica? La distinción no es trivial. La viticultura ecológica prohíbe el uso de pesticidas y fertilizantes sintéticos, pero no impone una visión activa del papel del viñedo en el ecosistema. La biodinámica añade una dimensión filosófica y un calendario lunar que no todos los productores suscriben. La regenerativa, en cambio, pone el foco en la salud del suelo como base de todo lo demás: incorpora cubierta vegetal entre las cepas para fijar nitrógeno y prevenir la erosión, fomenta la actividad microbiana del suelo como fuente natural de nutrientes, reduce o elimina el laboreo mecánico que destruye la estructura del suelo y trabaja activamente para recuperar la biodiversidad del ecosistema de la finca en su conjunto.
Siete variedades resistentes que pueden cambiar el viñedo europeo
En paralelo a la viticultura regenerativa, otro avance científico está captando la atención del sector: el desarrollo de nuevas variedades de uva resistentes a enfermedades que prometen reducir hasta un 90 % el uso de fungicidas en los viñedos europeos. Estas variedades, resultado de años de investigación en centros como el Institut Français de la Vigne et du Vin (IFV) y la Hochschule Geisenheim de Alemania, combinan características genéticas de resistencia a oídio y mildiu con perfiles aromáticos y gustativos que se acercan a los de las variedades clásicas.
En España, Familia Torres lidera la investigación en este campo con su programa de recuperación de variedades autóctonas catalanas, mientras que en regiones como Navarra y el País Vasco los centros de investigación agraria están desarrollando selecciones propias adaptadas al clima y los suelos locales. La introducción de estas variedades en los reglamentos de las Denominaciones de Origen es el próximo gran debate que el sector deberá afrontar: ¿cómo equilibrar la tradición identitaria de las variedades históricas con las posibilidades reales que ofrecen las variedades resistentes para reducir la huella química y adaptarse al cambio climático?
El vino como cultura: más allá de la copa
La cultura vinícola española de 2026 no se agota en el viñedo ni en la bodega. La nueva campaña DI VINO de la Organización Interprofesional del Vino de España (OIVE), presentada con una lona de 20 metros frente al Congreso de los Diputados, apunta directamente al consumidor joven que todavía no ha hecho del vino parte de su vida cotidiana. El mensaje es claro: el vino no es un lujo ni un código cerrado para iniciados; es un producto cultural, accesible y profundamente español que conecta con el territorio, la historia y la identidad de un país.
Mientras tanto, en Montepulciano, Italia, los días 10 y 11 de junio, España y otras asociaciones nacionales europeas se reunieron para debatir el futuro del vino en el continente: regulación, cambio climático, mercados emergentes y el desafío generacional de conectar con consumidores de entre 25 y 40 años que tienen a su disposición más opciones de bebida que ninguna generación anterior. El vino español tiene argumentos poderosos para esa conversación. Requena, la viticultura regenerativa y los 21 Grandes Oros de la PWC de verano son solo tres de ellos.