Una maturana blanca de estreno marca el debut de un joven viticultor en San Vicente de la Sonsierra
Javier Peciña, de Bodegas Feco, vendimia por primera vez esta variedad autóctona casi olvidada para ampliar su proyecto de vinos parcelarios, sin garantías todavía de que llegue a convertirse en botella comercial.
Una variedad casi olvidada que vuelve a la viña
En San Vicente de la Sonsierra, la vendimia de 2026 tiene este año un protagonista inusual: la maturana blanca, una variedad autóctona riojana de escasísima presencia que Javier Peciña, de Bodegas Feco, vendimia por primera vez en una pequeña parcela que plantó hace cuatro años. Con solo 28 años, Peciña afronta esta cosecha como una etapa más en la construcción de su proyecto de vinos parcelarios, en el que cada viña se elabora por separado para observar su comportamiento antes de decidir si merece tener nombre y botella propios.
Un calendario adelantado también para los blancos
En Bodegas Feco, la cosecha de blancos ha comenzado en torno a una semana antes de lo habitual, con el tempranillo blanco inaugurando la recolección. El propio Peciña reconoce que los primeros aromas típicos de la maduración, que normalmente llegan en septiembre, este año se adelantaron a agosto: «demasiado pronto», admite, en una frase que resume bien el desconcierto que el calor está generando entre los viticultores más jóvenes de la denominación.
Una filosofía de prueba y observación
Sobre el futuro de esta maturana blanca, Peciña se muestra prudente: «Ni siquiera tengo la seguridad de que vaya a existir algo a nivel comercial. Primero hay que elaborar la uva y después valorar el resultado para ver si tiene cabida como vino parcelario». Esta incertidumbre forma parte de la propia filosofía con la que ha ido construyendo Bodegas Feco: escoger viñas, vinificarlas por separado, observar su evolución y decidir después si el resultado merece convertirse en una referencia propia dentro de su gama.
Un gesto que apunta al futuro de las variedades minoritarias
Más allá del resultado concreto de esta añada, el experimento de Peciña con la maturana blanca se enmarca en una tendencia más amplia dentro de Rioja: la recuperación de variedades autóctonas minoritarias como herramienta de diferenciación frente a un mercado cada vez más saturado de referencias basadas en las uvas mayoritarias. Para los proyectos de vino parcelario como el de Bodegas Feco, apostar por variedades casi olvidadas no es solo un ejercicio de curiosidad enológica, sino también una declaración de intenciones sobre hacia dónde puede evolucionar la identidad varietal de la denominación en los próximos años.