Perelada invierte 47 millones en la bodega más grande y singular del Empordà
El proyecto, firmado por los arquitectos Pritzker de RCR y el enólogo Delfí Sanahuja, ha tardado veinte años en completarse
Una bodega que no se ve desde fuera
Perelada ha presentado su nueva bodega en el Empordà, un proyecto que ha costado cuarenta y siete millones de euros y que ha tardado dos décadas en materializarse, según recoge el medio que.es. El edificio, diseñado por el estudio RCR Arquitectes, ganador del premio Pritzker de arquitectura, y desarrollado junto al enólogo Delfí Sanahuja, se ha convertido en la instalación más grande de la denominación de origen y en un referente internacional del enoturismo de lujo.
Lo primero que llama la atención del proyecto es precisamente lo que no se ve: la bodega carece de fachada y de rótulo visible, integrada por completo en el paisaje como si formara parte de un campo de piedras del Empordà. Solo la tramontana, el viento característico de la zona, y las cigüeñas que se posan sobre el tejado delatan que bajo la superficie existe todo un universo dedicado al vino. "El edificio te tiene que emocionar desde dentro, no desde fuera", ha explicado el enólogo Delfí Sanahuja al presentar las instalaciones.
Del edificio de labranza al Laberinto
La visita a la nueva bodega comienza en el antiguo edificio de la granja, construido en los años cuarenta y restaurado para convertirse en espacio de enoturismo, con recepción, sala de catas, wine bar y tienda. Tras un recorrido audiovisual que muestra los viñedos del Empordà, con sus suelos de pizarra y arcilla, sus visitantes acceden al Laberinto, un itinerario que ya ha recibido varios premios internacionales de enoturismo y que se realiza siempre en grupos reducidos de un máximo de quince personas.
Uno de los aspectos más celebrados del diseño es la separación física entre el espacio de trabajo y el de visitas: la pasarela por la que caminan los grupos se sitúa a tres metros y medio de altura sobre la zona de producción, lo que permite a los visitantes disfrutar de los aromas de la fermentación sin necesidad de casco ni calzas de protección, un detalle que resume la filosofía del proyecto de acercar al público al proceso de elaboración sin interferir en él.
El enoturismo, motor económico creciente del sector
La apuesta de Perelada no es un caso aislado. El enoturismo aporta ya en torno a una cuarta parte de los ingresos de las bodegas a nivel mundial, según datos del sector recogidos por Vinetur, lo que explica por qué cada vez más proyectos vitivinícolas destinan inversiones millonarias no solo a la elaboración del vino, sino también a la arquitectura y a la experiencia del visitante. Bodegas de otras denominaciones españolas siguen un camino similar, combinando arquitectura de autor, gastronomía y actividades en el viñedo para atraer a un público que busca algo más que una simple degustación.
Innovación también en pequeñas bodegas rurales
Frente a proyectos de la envergadura de Perelada, el sector vive también movimientos de signo distinto pero igualmente significativos. En la comarca lucense de Quiroga-Bibei, dentro del Geoparque Montañas do Courel reconocido por la UNESCO, el proyecto Casa de Outeiro ha recuperado una casa en ruinas y un viñedo circular abandonado para convertirlos en una bodega de pequeño formato firmada por el estudio de arquitectura A-cero, una muestra de que la inversión en el sector vitivinícola español se mueve en dos velocidades: los grandes proyectos de las denominaciones consolidadas y la recuperación de patrimonio rural en zonas despobladas, ambos con el enoturismo como denominador común.
Para la denominación de origen Empordà, la llegada de una instalación de este calibre supone además un impulso reputacional que la sitúa junto a los grandes proyectos arquitectónicos del vino español, en un momento en el que la arquitectura se ha convertido en una herramienta tan relevante como la propia elaboración a la hora de comunicar el carácter de una bodega.