El viñedo español espera una gran cosecha en 2026, pero la doble amenaza del calor y el desplome del consumo ensombrece el optimismo
Las estimaciones apuntan a hasta un 40% más de uva y superar los 40 millones de hectolitros, mientras el sector pierde superficie y afronta la caída del consumo interno.
Una vendimia prometedora tras años difíciles
El viñedo español encara la vendimia de 2026 con las mejores perspectivas de producción de los últimos años. Las estimaciones apuntan a una cosecha notablemente superior a la anterior, con hasta un 40% más de uva en algunas zonas tras varios ejercicios marcados por la sequía y las plagas. En Andalucía, la Denominación de Origen Montilla-Moriles (Córdoba) se prepara para abrir antes de final de mes la primera vendimia de Europa, con buenas expectativas, seguida del Marco de Jerez y el Condado de Huelva.
Los responsables del sector son prudentes pero optimistas. «Aún es pronto para aventurar una predicción por el calor que puede afectar, pero hablamos al menos de una cosecha media, apreciablemente por encima de los 33 millones de hectolitros de la pasada», explican desde las organizaciones agrarias. Con las condiciones actuales, España podría alcanzar los 40 millones de hectolitros, con Castilla-La Mancha aportando cerca de la mitad del total nacional.
El calor, la gran incógnita del verano
La principal amenaza sigue llamándose calor. Las altas temperaturas de julio y agosto pueden retrasar la vendimia y comprometer tanto la cantidad como la calidad de la uva. El sector convive con una realidad contradictoria: mejora en riegos y técnicas de cultivo, pero pierde superficie sin cesar. Salvo excepciones puntuales, la mayoría de las comarcas vitivinícolas españolas se reduce año tras año, lastradas por la falta de mano de obra y las dudas sobre la rentabilidad.
Producir mucho para vender menos
La paradoja de fondo es que esta buena cosecha llega justo cuando el consumo se desploma. El mercado interior cayó con fuerza y el sector se enfrenta a una tendencia estructural a la baja en el consumo de vino y otras bebidas alcohólicas. Más producción y menos demanda es una combinación delicada para una actividad que exige un uso intensivo de circulante para financiar campaña, stock, crianza y distribución.
La reestructuración pendiente
Ante este escenario, las organizaciones agrarias reclaman planes de reestructuración con apoyo estatal para ordenar el arranque de viñedos y regular el mercado, como han hecho otras regiones europeas. En Burdeos, recuerdan, se ha arrancado en pocos años hasta el 10% de la superficie con apoyo público para sostener los precios. En paralelo, el Ministerio de Agricultura ha repartido 903 hectáreas para nuevas plantaciones en 2026, con el 100% destinado a jóvenes y pymes y Castilla-La Mancha acaparando 653. Para el sector, el desafío es claro: convertir una buena añada en rentabilidad real sin inundar un mercado que bebe cada vez menos.