La DO Almansa celebra 60 años reivindicando sus blancos de garnacha y airén cultivados a 700 metros
La denominación manchega, conocida por la garnacha tintorera, cumple seis décadas y apuesta también por sus blancos frescos con carácter propio cultivados en altura.
Seis décadas de una denominación con carácter propio
La Denominación de Origen Almansa cumple 60 años en 2026 y lo celebra con una jornada el 18 de junio que reunió a bodegas, profesionales y aficionados para poner en valor una zona vitivinícola que, pese a su singularidad, sigue siendo desconocida para buena parte del consumidor español. Almansa ocupa el extremo sureste de Castilla-La Mancha, en el corredor natural que conecta la Meseta con el Levante, con viñas que crecen a unos 700 metros de altitud: altura suficiente para templar la maduración y conservar la acidez natural de la uva.
La garnacha tintorera, alma de Almansa
Si hay una uva que define la identidad de Almansa, esa es la garnacha tintorera —también llamada alicante bouschet en otras zonas de Europa—, la única variedad tinta que tiene pulpa y zumo de color rojo intenso. Esta peculiaridad genética hace que los vinos elaborados con ella tengan una profundidad de color y una estructura tánica difíciles de igualar por cualquier otra variedad.
Los blancos: la apuesta de futuro de Almansa
Los 60 años de Almansa son también una oportunidad para reivindicar su apuesta blanca. La garnacha blanca y el airén, dos variedades con profundo arraigo en la zona, producen en Almansa blancos de perfil distinto al de otras denominaciones manchegas: más frescos gracias a la altitud, con notas florales y frutales limpias, y una acidez que los hace buenos compañeros de la gastronomía local. Algunas bodegas han apostado por la fermentación en barrica y la crianza sobre lías de sus blancos de garnacha, obteniendo resultados de mayor complejidad y textura.
El reto de la visibilidad
El principal desafío de Almansa en su 61ª año no es la calidad, sino la visibilidad. Con menos de 20 bodegas activas, la denominación necesita construir narrativa. La historia, el paisaje, las variedades propias y la posición geográfica única son argumentos sólidos que el consumidor curioso —cada vez más numeroso— sabe valorar.