China pierde el 70% de su vino importado y rompe su modelo histórico de consumo: qué bodegas españolas pueden aprovechar el hueco
El mercado chino, que llegó a ser el mayor importador mundial de vino por valor, ha reducido drásticamente sus compras de vino extranjero, abriendo una redistribución global de flujos que afecta a las bodegas españolas exportadoras y puede abrir nuevas op
El mayor importador de vino del mundo cierra el grifo
El mercado chino ha vivido durante la última década una relación apasionante con el vino importado: desde la irrupción masiva de los consumidores chinos de clase alta en los circuitos del vino de Burdeos y la Rioja, hasta la construcción de una cultura vinícola propia con bodegas locales de creciente calidad. Lo que revela el análisis publicado por Vinetur la semana pasada es que ese modelo está en plena quiebra: China ha perdido el 70% de sus importaciones de vino, rompiendo de forma abrupta el patrón de crecimiento que había convertido al gigante asiático en el mayor importador de vino por valor durante años.
Las causas de la contracción son múltiples y se acumulan desde 2021: la ralentización económica que ha contraído el consumo de lujo entre la clase media-alta china, el impulso del vino local de regiones como Ningxia y Xinjiang que ha ganado calidad y orgullo nacional, las fricciones comerciales con los principales productores europeos y australianos, y un cambio generacional en los hábitos de consumo que ha llevado a los jóvenes chinos a preferir cerveza artesana, destilados nacionales como el baijiu, y bebidas de baja graduación sobre el vino extranjero de alta gama.
El impacto sobre las bodegas españolas
Para las bodegas españolas, la retirada de China tiene dos lecturas posibles. La primera es negativa: quienes habían construido relaciones comerciales sólidas con distribuidores chinos y habían apostado por posicionar sus vinos en el mercado asiático pierden un canal de ventas que, en algunos casos, representaba entre el 5% y el 15% de sus exportaciones. La segunda es neutra o incluso positiva: la redistribución de los flujos comerciales que antes iban a China abre oportunidades en otros mercados asiáticos —Japón, Corea del Sur, Vietnam, Tailandia— donde la clase media en expansión muestra creciente interés por el vino europeo de calidad y donde la competencia con el vino australiano, chileno y argentino sigue siendo manejable para los vinos españoles con precio y calidad medios y altos.
Qué tipo de bodegas españolas pueden capturar ese espacio
El reposicionamiento en mercados asiáticos alternativos no está al alcance de todas las bodegas. Requiere capacidad exportadora, adaptación de las comunicaciones y etiquetados a mercados con idiomas y culturas distintos, y relaciones con distribuidores locales que conocen las particularidades de cada mercado. Las bodegas más preparadas para aprovechar el hueco dejado por China en Asia son aquellas que ya tienen presencia en circuitos de restauración de alta gama en Japón y Singapur, y las que han sabido posicionar sus vinos en rangos de precio de entre 20 y 50 euros —lo suficientemente premium para diferenciarse, lo suficientemente accesibles para un consumidor asiático que todavía está construyendo su cultura vinícola.