Cómo catar los tintos de la añada «Excelente» 2025 de Rioja: guía sensorial para encontrar lo mejor de una cosecha histórica
Vocabulario, técnica y criterios de selección para aprovechar al máximo la mejor cosecha riojana desde 2019 antes de que la demanda presione los precios
Por qué esta añada pide una cata diferente
No todas las añadas se catan igual. Los tintos «jóvenes» de una cosecha media se disfrutan con el vaso lleno y una temperatura fresca; los grandes reservas de una añada histórica exigen tiempo, copa amplia y disposición para escuchar. La cosecha 2025 de Rioja, calificada como «Excelente» por el Consejo Regulador tras el análisis de 2.176 muestras, pertenece a la segunda categoría. Estamos ante vinos con mayor estructura, más polifenoles y un potencial de envejecimiento que la mayoría de las añadas recientes no poseen. Aquí, la prisa es mala consejera.
La fase visual: colores que hablan
Los tintos 2025 de Rioja exhiben intensidades colorantes superiores a la media reciente, dato analítico que se traduce en copa en colores más profundos: el rojo cereza evoluciona hacia el picota con bordos limpios, sin las tonalidades violáceas de los vinos muy jóvenes. El disco —la capa de vino vista desde arriba— tiene brillo y consistencia. El primer dato positivo ya está ahí, antes de acercar la copa a la nariz.
La fase olfativa: fruta roja con profundidad
El informe del Consejo Regulador señala expresamente el gran potencial aromático de fruta roja como uno de los marcadores de la añada. En cata, eso se traduce en notas de cereza madura, frambuesa y ciruela que aparecen con nitidez en la primera nariz. Tras la agitación de la copa, emergen capas secundarias: especias dulces (clavo, canela), notas minerales propias del suelo calizo riojano y, en los que ya han pasado por barrica, matices de madera bien integrada —cedro, vainilla, cacao—.
La clave de la añada 2025 está en la acidez bien integrada: los aromas no se perciben pesados ni alcoholizados, sino frescos y definidos. Esa frescura es el sello de las grandes añadas en zonas continentales.
La fase gustativa: estructura y longevidad
En boca, los tintos 2025 sorprenden por la textura de sus taninos. A diferencia de añadas calurosas en las que los taninos aparecen secos o astringentes, los de 2025 son maduros, amplios y con un tacto sedoso que recuerda a los grandes años de la denominación. La acidez actúa como hilo conductor, aportando frescura al final de boca y alargando la sensación de retrogusto. La persistencia —cuánto tiempo se mantiene el sabor después de tragar— es larga en los mejores ejemplares.
Maridajes recomendados para la ocasión
La estructura de los tintos 2025 pide gastronomía a la altura. Para los jóvenes y robles: cordero asado, chuletas al sarmiento, queso manchego curado. Para los crianzas que ya empiezan a aparecer en el mercado: cochinillo, perdiz estofada, carnes rojas maduradas. Los reservas, que llegarán en 2027-2028, pedirán proteínas aún más complejas y una mesa pausada. Una añada excelente no se come deprisa.
Temperatura de servicio: 16-18 °C para los jóvenes; 17-19 °C para crianzas y reservas. La copa: amplia, tipo borgoñona, que permita al vino expresarse. Decantación: recomendable una hora mínima para los jóvenes; dos horas para crianzas. Los reservas pedirán incluso más tiempo.