A las que volvieron cuando todo les decía que se quedaran.
Hay tierras que guardan rencores más viejos que sus viñas. Y personas que deciden que ya es suficiente. Elena Vidal lleva cinco años perfeccionando vinos en Burdeos cuando recibe la noticia que no esperaba: su abuelo, al que apenas conoció, le ha dejado en herencia la Bodega Vidal. Cien hectáreas de viñedo centenario en la Ribera del Duero, una bodega subterránea del siglo XVIII y una deuda de trescientos veinte mil euros que vence en dieciocho meses. Lo que no le dicen es lo demás.